Carlota

 

Carlota y su familia ‹ subian › muchos fines de semana a San Antonio, la finca de cafe, adonde se iban ya desde el viernes, despues de que las niñas salían del colegio. La zona cafetalera esta a unos 40 kilometros de la ciudad, de la costa, mejor dicho. A la finca se llevaban todos los comestibles necesarios para preparar las grandes viandas para toda la familia y amigos que se reunían y que venian de otras fincas cercanas a pasar, al menos, el domingo.

Las familias subian en jeeps de doble tracción y en caravana pues era un camino muy sinuoso, empedrado y casi imposible de subir en un coche ‹ normal › y menos si era tiempo de lluvias! era muy divertida la ‹ zangoloteada ›…a veces entre las hermanas ‹ chocaban › unas con otras, aunque en realidad, era mas bien un juego, porque no tenían mucho que hacer durante el viaje, de esta manera, mataban un poco el tiempo. La subida llevaba al menos tres horas de camino. Otro juego divertido para las hermanas era saludar a todo aquel que se encontraban a su paso por el camino, y vaya que eran muchos! sobre todo niños y perros curiosos que salían al paso en cuanto escuchaban el motor del jeep. Chuchos viejos, como les llaman a los perros, famélicos y roñosos perseguian el jeep hasta que éste se perdia….Niños con panzas gordas, infladas, mujeres jóvenes embarazadas y viejos sin dientes, sentados afuera de sus casas, saludaban con un vaya bien! Carlota y sus dos hermanas trataban de asomarse por la ventanilla del jeep moviendo las manos en forma de saludo y diciendo adiós!

Los mas pequeños se reían, algunos salían corriendo como si quisieran alcanzar el coche, incluso tratando de cogerlo, y otros nada mas levantaban sus manos en señal de saludo. Los caseríos estaban hechos con cemento y techos de lamina. En mas de alguno, había una especie de tienda, tendajon, dirían en la zona, donde se podían comprar refrescos, galletas de animalitos, latas de atún, jabón, pasta, huevos, pan, azúcar y sal. Solo algunos comestibles básicos para la semana. El resto de las compras se hacian en la ciudad.

Aunque la tia Marthita, experta, claro esta, en café, siempre les contaba, entre otras historias, la historia del origen del cafeto, para entretenerlas. Las niñas se asustaban cada vez que había que cruzar un rio, sobre todo, en tiempos de lluvia, pues éstos estaban llenos , cargado de agua…pero al final, se divertian mucho, pues ya tenian alguna aventura que contar el lunes en el colegio. Así Carlota no tendria que escuchar el: Carlota, Carlota narices de pelota…al contrario, ella contaría sus aventuras y las otras niñas la escucharian llenas de asombro.

« El cafeto (árbol del café) se originó en la zona de Etiopía y el Cabo de Hornos, lugares en los que aún hoy crece en estado silvestre, pero fue en Yemen, donde se inició el cultivo del árbol del café que se extendería por todo el mundo…. » les contaba la tia Marthita y continuaba:

Hay muchas historias acerca del descubrimiento del café…y entonces preguntaba a Carlota, quien era su favorita y a quien consideraba la mas centrada e inteligente de las hermanas:

Carlota, te acuerdas cual es la historia mas popular? nos la puedes contar? Carlota tenia 12 años….y a su corta edad le gustaba leer los autores mexicanos conocidos de la época y le encantaba contar cuentos e historias que su mama y su abuela le contaban pero también aquellas que escuchaba de las tias y de su nana, como aquella del Tzipe, el niño negrito que asustaba a los niños cuando no se portaban bien.

« claro que si, tia Marthita » es la historia de Kaldi, el pastor de cabras yemení.

Niñas, dejen hablar a Carlota, decía la tia Marthita, mientras el jeep seguia zangoloteando con cada rodada.

« Una noche, cuando Kaldi se hallaba cuidando sus cabras, vio de pronto como éstas, en lugar de pacer plácida y tranquilamente como era natural en ellas, estaban literalmente como cabras locas, estaban pastando cerca de un arbusto donde crecían pequeñas bayas de color rojo brillante. Kaldi decidió entonces probar aquellas bayas, y no había pasado mucho rato cuando él mismo ¡se encontraba bailando como cabra loca, también!.

Carlota continuo…«La noticia se extendió hasta alcanzar el monasterio local, donde el imán tenia problemas para mantener despiertos a sus derviches durante la oración y vigilia nocturna. El imán pensó que no estaría mal probar aquellas bayas exóticas y así lo hizo. Gracias a las bayas del árbol del café, todos lograron permanecer bien despiertos para sus oraciones y con sus facultades agudizadas »………y colorín, colorado, este cuento se ha acabado, termino diciendo Carlota. Las hermanas y la tia Marthita le aplaudieron. Augustin, el chofer no, pero dijo que la historia era muy interesante y que aunque alguna vez ya la había escuchado, era bueno para su memoria, volverla a escuchar. Julio -asi se llamaba- era ya un poco mayor.

Para mayo y junio, el paisaje de los cafetales se llenaba de cientos de trabajadores que, en su mayoría venian de Guatemala e iniciaban la siembra para que la planta estuviera bien establecida durante el invierno y no le afectaran las bajas temperaturas. Todos trabajaban, incluso las mujeres con sus pequeños sobre las espaldas.

Conforme se íba subiendo, el clima iba cambiando; del sofocante calor de la costa, al clima templado o hasta frio, según la época del año. Las fincas cafetaleras estan entre 1,200 y casi 2000 metros de altura. El paisaje era verde, verde y cuando el cafeto ya estaba listo para la ‹tapizca‹  se llenaba de cerezas rojas pero también de flores blancas, era todo un espectáculo para los ojos, pero las flores no vivían mucho tiempo.

Llegando a la finca, la servidumbre salía inmediatamente para ayudarles a bajar todo el cargamento del Jeep y llevarlo principalmente a la cocina. El ombligo de la gran casona de dos pisos, construida en madera fuerte, hacia finales del siglo XIX. Abajo estaba la cocina, a un lado, y cerca de las escaleras que llevaban al resto de las habitaciones, había una en la cual nadie entraba, estaba estrictamente prohibida la entrada. Nadie nunca supo que había alli. La tia Marthita decía que era del bisabuelo y que él había ordenado tenerla cerrada, aun despues de su muerte. Y así se  hizo. Nunca nadie mas la abrio. La gran casona estaba rodeada por un jardín enorme, bien cuidado y lleno de hawaianas, flores rojas tropicales, exóticas y con un tallo muy largo.

La casa tenia muchas habitaciones, una sala especial para escuchar música, una especie de bar, donde se juntaban todo los primos -pequeños y mayores-  a jugar, a escuchar música y donde Carlota, años mas tarde y por primera vez, bebio el famoso « Comiteco ». Ese aguardiente de caña de azúcar de la región y que no faltaba en la mesa de los adultos. Para el frío, decían.

A Carlota le encantaba meterse en la cocina, no solamente para mirar y probar las delicias de las cocineras, sino para escuchar las novedades de la finca…..Que si había llegado un nuevo capataz de San Salvador, que si Chico, había tenido que ir visitar a su madre enferma a Guatemala….Que si ya habían llegado las familias nuevas para la tapizca. Que si había que reparar la maquina de lavado del cafe….historias que Carlota solo podía escuchar allí y que le permitian darle rienda suelta a su imaginacion. Y para cerciorarse de que lo que escuchaba, inventaba cualquier pretexto para escaparse al beneficio de cafe y echar, de paso, un ojo a las galeras de los trabajadores. Donde también hay niños, algunos jugando solos, otros con los hermanos. Lugares adonde no se le permita ir, especialmente a las galeras donde dormían los trabajadores. Pero a ella le gusta escuchar y mirar a las mujeres despues de la jornada de trabajo. En aquel entonces, Carlota no comprendía muy bien el significado de la desigualdad social. Ni siquiera lo pensaba pero intuia de alguna manera, que no todos éran iguales.

La mayoría de la gente que llegaba a trabajar en la pizca del café venia de Guatemala, a veces también de El Salvador. Llegaban hombres y mujeres. « patojos y patojas » como decían ellos.  Las mujeres usando « sus cortes », faldas tradicionales, que solamente se enrollan alrededor de la cintura y con zapatos de plastico, y  sus cabellos muy largos, trenzados, negros, casi azules y brillantes como si se pusieran algun grasa. Los hombres con pantalones, camisas y caites de cuero.

….pero llegaba el domingo por la tarde, quizás la noche y había que bajar de nuevo por el mismo camino para regresar a la costa. Carlota se llevaba en la boca un sabor dulce/amargo como el del café. Cada vez veía y escuchaba cosas muy interesantes.

*I have performed and read out this text at  « Cuerpo a Cuerpo » 4to. Encuentro de Performance, música video.  Performance together with Adela Picon. Centro de Arte La Regenta. Las Palmas de Gran Canarias / ES